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EL DOMINGO FUE UN DÍA DE LUTO PARA VENEZUELA

Almagro (2)

Ayer fue un día de luto para Venezuela. Fue un día de violencia y muerte ejecutadas con la saña cobarde de los dictadores contra el pueblo. Ayer las fuerzas represivas masacraron al pueblo venezolano.

Dieciséis personas, incluyendo menores de edad, fueron asesinadas en distintas protestas en las horas en que se desarrolló el fraudulento proceso de la Asamblea Nacional Constituyente.

La represión contra la gente durante la jornada fue la más extrema superando los estándares violentos desde que empezaron las protestas en abril pasado.

En términos de estimaciones electorales de la jornada, es evidente que el Gobierno está tratando de disfrazar la realidad, de disfrazar de éxito y de fiesta cívica lo que en realidad fue un tremendo fracaso.

Era sabido que Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral, anunciaría 8 millones y medio de votos. La cifra de 8.089.320 que finalmente se anunció pasada la medianoche de ayer no dejó lugar a dudas sobre la total ilegitimidad del proceso y la alevosa manipulación del sistema electoral y sus resultados.

Por su lado, el Presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, declaró que la participación electoral no había superado el millón y medio de votantes a las 3 de la tarde, y según sus estimaciones, el total no debería llegar al 7 por ciento del padrón electoral.

Si bien la desinformación es palpable, es evidente que la gran mayoría de los centros de votación fueron poco visitados, tal como lo evidencian múltiples testimonios a lo largo de la jornada.

Es claro que este proceso no es legítimo y que además no cuenta con el apoyo de la gente.

La afluencia de electores fue mínima y no reflejó en ningún momento que existiera ayer en Venezuela una jornada electoral y mucho menos una fiesta cívica.

En algunos centros de votación, los propios votantes han informado sobre el desorden y la desinformación que han caracterizado esta jornada electoral.

Medios de prensa internacional informaron que varios centros de votación en el oeste de Caracas, zona proclive al Partido de gobierno, estaban vacíos horas antes del cierre del voto; esto pese al pronunciamiento hacia el mediodía que “99 por ciento y más” de la nación estaba votando.

El proceso realizado ayer es absolutamente nulo, dado que la elección de la Asamblea Constituyente se llevó a cabo masacrando los principios básicos de la transparencia, neutralidad y universalidad que deben caracterizar a comicios libres y confiables.

Los procesos de verificación técnica sobre el padrón electoral, la maquinaria electrónica y el sistema de verificación de resultados fueron inexistentes. Por lo tanto, es imposible que la autoridad electoral brinde resultados confiables.

Una elección legítima no puede celebrarse en un ambiente de represión y violencia. La coacción y compra de votos fue evidente. El principio de libertad de sufragio fue vulnerado de manera flagrante.
Finalmente, los resultados anunciados por el Consejo Nacional Electoral carecen de veracidad. Su integración se da en un clima de secretividad que se incrementa ante la falta de observacion nacional e internacional.

Fue una elección que refleja lo que la dictadura quiere para Venezuela, un sistema de partido único, entendido éste como un mecanismo automatico de ejecución de la voluntad de la cúpula dominante por y para servir a sus intereses, que reprima y amordace cualquier opinión contraria por la vía del temor, la imposición y la represión.

Mientras tanto, varios países latinoamericanos, la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá, han desconocido la validez de la Asamblea Nacional Constituyente.

La Secretaría General de la OEA desconoce la totalidad del proceso fraudulento que se concretó en el día de ayer. Desde un principio se denunció su nulidad de origen, su inconstitucionalidad y la manipulación forzada y selectiva de las circunscripciones parroquiales para forzar resultados favorables a la perpetuación del régimen.

En este sentido -y con más convicción aun- es que desconocemos totalmente los resultados anunciados en el día de ayer por un tribunal electoral que ha perdido todo vestigio de legitimidad y que, lejos de respetar y favorecer la expresión de la voluntad popular, da sobradas pruebas de su funcionalidad a la dictadura.

No puede demorar el retorno a la democracia en Venezuela.

Hoy quedó demostrado una vez más que el pueblo venezolano no es un pueblo con miedo.

Los tiranos tienen miedo, viven en el miedo porque contra todo el pueblo nadie puede.

Esta crisis que ha llevado a la dictadura a asesinar a la gente, es una guerra sucia de las fuerzas represivas contra el pueblo.

Lo ocurrido ayer es el corolario de un proceso persistente que viene desde 2013, y que culmina con el último ataque del presidente Maduro a la Constitución y a las instituciones.

Al dictador lo juzgó el pueblo ayer, le exigió su responsabilidad y lo ha declarado su enemigo. El pueblo se negó a votar en el fraude constituyente. La respuesta del dictador fue la masacre a su propia gente.

Se ha hablado mucho de nuestras acciones al frente de la Secretaría General de la OEA.

Si hubiéramos ido por la huella de la preservación de intereses personales, lo que tendríamos que haber hecho es aguardar que ocurriera esta crisis, y entonces hacer como que nos dábamos cuenta y ver qué paños fríos se aplicaban, pero eso hubiera sido absolutamente indigno de nuestra parte.

Se trataba de la violación de la Constitución por parte de los dictadores. Los hechos conducían a la destrucción del sistema institucional.

Y nosotros lo marcamos. Lo dijimos porque era moral y éticamente necesario, pero porque había que tomar acción para evitar los más de 100 muertos y no esperar al final de este previsible desenlace.

El tiempo no puede seguir escapándose de nuestras manos. Venezuela no puede demorar su retorno a la democracia.

Es injusto haber llegado a este punto. La aniquilación del Estado de derecho no es un precio que los venezolanos tuvieran que pagar. No hay peor sacrificio para un pueblo que verse sometido a la humillación de las fuerzas de la represión.

Y como tal, es el pueblo el que ha sido el primero en salir a luchar para que haya justicia. Es el pueblo el que reclama que no puede quedar un solo dictador impune por los asesinatos de ayer y de los últimos 4 meses. El pueblo nunca se ha sometido a una justicia que no sea verdadera.

Pero fundamentalmente, y antes que nada, el pueblo tiene que llegar al poder.

Que las fuerzas represivas vuelvan a sus barracas. La gente está en las calles y debe ser respetada. Ayer quedó demostrado que solamente el pueblo es el dueño de la soberanía.

Venezuela es demasiado grande y la lucha es muy dura, pero a cambio de esa lucha está el futuro de libertad.

Como dijo el líder uruguayo Wilson Ferreira Aldunate en momentos de la lucha contra la dictadura en mi patria: “Sabemos lo que quiere el pueblo, sabemos lo que piensa el pueblo y sabemos que el pueblo hará lo que sea necesario para obtenerlo”